Comunicado ante el programa cultural “100% PSOE” de Susana Díaz

19 mayo, 2017

La propuesta para Cultura con la que Susana Díaz presenta su candidatura al Congreso de su partido es incalificable, impropio de alguien que todavía dice llamarse socialista.

Empieza mal: “La cultura determina la sociedad y la civilización y nos hace más libres y más felices. Pero en el siglo XXI debe ser parte del desarrollo económico”.
Incluir una oposición entre ambas frases por medio del “pero” revela el núcleo del problema: No entiende que haya que fomentar la Cultura por sus propios valores intrínsecos, estando todo lo demás subordinado a ello, sino que, por el contrario, anula los valores intangibles de la Cultura para venderla a una lógica de mercado que, según está planteada, la condena a la esterilidad.

Si empieza mal, sigue aún peor: Propone que hagamos Cultura para consumo de las clases medias de China. Los españoles y españolas quedamos relegados a un segundo plano, beneficiándonos “de rebote” de la supuesta mejora de la calidad que resultaría cuando diseñáramos la Cultura para el consumo asiático masificado.

La idea parte del hecho de que nuestras playas han dejado de ser atractivas para los chinos. Como segundo plato, cuando el boom del turismo de sol y playa parece agotarse, entonces, y sólo entonces, se piensa en hacer algo con la Cultura.

Mientras el público estatal se subordina al chino, los creadores y las creadoras culturales quedan excluidos por completo. El “desarrollo económico” que promete derivarse de esta propuesta no está pensado para las gentes de la Cultura, sino para “reducir el paro” en el sector servicios encargado del turismo. Un sector que, en nuestro país, si bien ayuda a maquillar las estadísticas en los períodos vacacionales, destaca por la precariedad y temporalidad de sus contratos. No defiende la Cultura como generadora de empleo en sí misma, sino desde la precariedad de un turismo entendido desde el neoliberalismo más ineficaz y dañino.

La Señora Díaz a día de hoy ostenta el cargo de Presidenta de Andalucía, una Comunidad Autónoma donde la mayoría de los contratos del sector turístico son temporales (un 50,55%, llegando al 95% en los nuevos contratos) y a tiempo parcial, entre 2 y 4 horas (el 35,11% de todos los contratos y el 42,57% de los contratos temporales). ¿Ese es el modelo de “desarrollo económico” que quiere exportar a España?

La propuesta, que ningunea al público local y a las gentes de la Cultura, va incluso más allá y también ningunea a los magníficos creadores hispanoparlantes que residen en Latinoamérica y Estados Unidos, viendo tan sólo a “500 millones” de potenciales turistas consumidores, sin reconocer ni siquiera de pasada su enorme riqueza creativa y productora. ¿No hubiera sido mejor plantearlo en términos de internacionalización y cooperación en el ámbito de nuestras producciones culturales?

Fuera del “turismo cultural, de paisaje y de aventura”, reduce a anécdota todas las áreas de la Cultura. Del “resto de actividades culturales” (afirma, como si ese “todo lo demás” no representara a la Cultura con mayúsculas, sino que fuera una retahíla de insignificancias que cupiera en un cajón para guardar en el trastero), sólo dice que mejora la Marca España; es decir, que sirven también para atraer a turistas.

Como eslóganes vacíos sin credibilidad alguna, menciona de pasada el Estatuto del Creador, la Ley del Mecenazgo, el IVA cultural y las nuevas tecnologías digitales –no vaya alguien a osar acusarles de no tener contenido real y concreto.

¿Dónde está la mención a medidas que reviertan la precariedad del sector cultural, a la falta de apoyo público y privado para la consolidación de un tejido cultural sostenible? ¿Dónde la mención a mejorar el acceso a la Cultura en una sociedad que todavía sufre la estela de la crisis?

El documento confirma por qué Andalucía, que por sus características debiera ser punta de lanza de la Cultura en España, está, sin embargo, a la cola. Y ahora, tras perpetuar la devastación del panorama cultural andaluz, pretende exportar su visión ciega al resto de España.

Si entendiera que no hay oposición entre los valores intangibles de la Cultura y el desarrollo económico, si ese “pero” del comienzo se cambiara por un “precisamente por ello”…
Si entendiera que la Cultura no puede supeditarse al turismo sino que, poniendo el foco en una creación cultural de calidad, justificada en sí misma, el turista vendrá por su propio pie…
Si entendiera que la Cultura radiografía, traduce, expresa, determina, expande, reafirma, contradice, dignifica una sociedad…
Si  entendiera  que  asuntos  como  el  Estatuto  del  Creador,  el  IVA  cultural  o  la  Ley  de Mecenazgo pueden ser algo más que herramientas fáciles para conseguir titulares y fotos rimbombantes, si formaran parte de un modelo estratégico pensado por y para la Cultura…
Si entendiera que el turismo también merece ser tratado con creatividad y perspectiva de futuro, apostando por la sostenibilidad y estabilidad en lugar de por la masificación y la banalidad…
Si entendiera que el turismo de sol y playa al que pretende reemplazar con “cultura y aventura” ha supuesto “pan para hoy y hambre para mañana”, pues ha agotado de manera indiscriminada gran parte de nuestra riqueza medioambienal y paisajística…
Si entendiera que un modelo cultural basado en la sostenibilidad, la autonomía, la permeabilidad social, la implicación empática y participativa del público local, la regeneración del tejido profesional, la estabilidad laboral, la consolidación de las industrias culturales a largo plazo, generará mucha más riqueza en el país que la estrategia cortoplacista y banal que defiende…
Si entendiera que la Cultura entendida como bien común es un derecho fundamental que impulsa el avance de los pueblos…
…, quizás entonces pudiera entender que las sociedades avanzadas hacen de la Cultura un motor de riqueza, sí, pero digno, con visión de futuro, con respeto a sus gentes y a la altura de la inteligencia colectiva que subyace en todo hecho cultural.